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“El banco del futuro: balance o desintermediación”

Uno de los debates más candentes del sistema financiero giran sobre el modelo de banco de futuro considerando la irrupción de la nuevas posibilidades tecnológicas, el comúnmente llamado fintech.

La banca, la prestación de servicios de inversión o de actividades de seguros están fuertemente reguladas en todos los países, ya que son la columna vertebral de la actividad económica de empresas y familias, y de protección de patrimonios de todo tipo.

Sin embargo, en los últimos años no ha parado de crecer la denominada “banca en la sombra” (“shadow banking”), que podría englobar a todas las actividades de financiación de la economía al margen de los canales anteriores y de los mercados de capitales, que ya están regulados. La forma más manifiesta de la misma son los grandes fondos de inversión internacionales o estructuras e capital privado que compran deuda o invierten en capital en restructuraciones. Normalmente se concentran en operaciones de gran tamaño, si bien poco a poco van descendiendo hacia operaciones de menor importe unitario o hacia prestatarios más pequeños. Las quejas sobre la discriminación regulatoria y los riesgos para los consumidores financieros son frecuentes por parte de los sectores regulados. Respuestas similares estamos viendo en sectores como el transporte o la vivienda, donde la “uberización” ya reta la primacía del sector del taxi o de los alojamientos hoteleros. 

Normalmente ha sido la banca (y lo sigue siendo) en principal canalizador de flujos hacia las economías domésticas en la mayoría de los países. Su capilaridad en cuanto a puntos de servicio (oficinas) y su predisposición a usar su balance ha hecho que en países como España, por ejemplo, represente más del 90% de la financiación a pequeñas y medianas empresas. La banca “crea dinero” prestando cantidades por encima de sus depósitos de clientes, financiando la diferencia en los mercados mayoristas. Ello hizo que en el momento álgido de la crisis la media del ratio préstamos/depósitos llegara al 200%, es decir, los bancos prestaban el doble de los recursos de clientes que tenían. El “cierre” de la financiación bancaria a partir de 2008, las mayores exigencias regulatorias de capital y liquidez, la consolidación bancaria y la necesidad de estratégica de “desapalancamiento” han puesto a buena parte del sector productivo en una situación de incertidumbre a la hora de diseñar una estrategia de fuentes de financiación. Es cierto que la actual política monetaria expansiva del BCE está ayudando, pero no estará ahí de forma permanente.

Recientemente planteamos el debate sobre la evolución del modelo de banca del futuro ante la necesidad de ser más eficientes, recuperando la rentabilidad sobre el capital y acomodándose a los retos que hoy identificamos derivados de la disrupción fintech. Planteamos 4 modelos posibles: 1) el banco mejor, o la refundación de la banca actual adoptando la tecnología fintech apropiada; 2) el banco nuevo, o la aparición de nuevos proyectos que plantean un modelo totalmente digital (podría ser lo que Amazon representa para Walmart, o los “challenger banks” de UK); 3) un banco distribuido, donde la banca como la conocemos colabora con la tecnología fintech concentrándose en la estructura y gestión de los datos “core” de clientes abriendose mediante APIs a distintas plataformas que ofrecen distintos servicios bancarios; finalmente, 4) el banco distribuido, donde las redes sociales son el punto de entrada de los clientes en los datos de la plataforma bancaria, quedando los bancos relegados en la relación con los clientes.

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A tenor de las respuestas, prácticamente coincidentes, el 37% en cada caso de los que respondieron apuestan por los modelos 1 y 3. Más allá de que los modelos expuestos puedan considerarse simplificaciones de la futura realidad (que ciertamente lo son), hay un aspecto relevante, y éste es precisamente si la banca continuará o no siendo el principal financiador del sistema productivo o si otros modelos complementarán de forma sustancial la actividad de préstamo. En el extremo, algunos bancos privados de altos patrimonios no prestan salvo a sus clientes ya consolidados usando como garantía sus propios activos de inversión depositados en el banco. Curiosamente, el gobierno suizo va a proponer en referéndum que la banca en el país alpino sólo preste los fondos que tiene de clientes, es decir, que deje de “crear dinero” usando la reserva fraccionaria.

Por tanto, hay dos grandes posibilidades (una vez más de forma simplificada):

1) en el primer caso, la banca seguiría siendo el principal financiador de PYMEs y familias. Los departamentos de riesgos de la banca siguen siendo los principales aceptadores del riesgo. Las pérdidas o beneficios de la actividad las soporta la cuenta de resultados del banco, que tiene que generar ingresos suficientes para satisfacer las exigencias de capital y de tasa de retorno para accionista. En caso de bancarrota, el contribuyente podría ser llamado a rescatar al “sistema” como sucedió en varios casos en Europa o en el caso de las cajas de ahorro en España. El inversor en acciones bancarias podría sufrir como consecuencia de la mala política crediticia del banco. Los depositantes están cubiertos hasta la cantidad garantizada por el fondo de garantía de depósitos, 100.000 euros por titular.

2) en el segundo caso la banca, aunque no existiera prohibición de prestar por encima de sus recursos, deja de ser el canal fundamental de préstamo al sector privado a favor de iniciativas como “la banca en la sombra”, los crecimientos en los mercados de capitales regulados, o la actividad de préstamo a través de plataformas tecnológicas o “crowdfunding” en sus distintas modalidades. En todos estos casos, los inversores asumen directamente los riesgos de la inversión, debiendo desarrollar capacidades de entendimiento del riesgo/beneficio de sus inversiones. La transparencia requerida por los proyectos que demandan fondos debería incrementarse y someterse a regulación de alto estándar.

Es altamente improbable que las plataformas peer to peer de préstamos reemplacen por completo a la banca, pero las incursiones de los nuevos jugadores, aún partiendo de volúmenes muy reducidos, se están produciendo en casi todos los espectros del préstamo, con casos como Funding Circle creando su primer fondo listado para invertir en préstamos originados a través de plataformas.  Sin duda habrá un punto de encuentro entre la actividad tradicionalmente regulada y los nuevos modelos más basados en la tecnología.

Hay que notar que una de las grandes iniciativas de la UE es la creación de un Mercado Unico de Capitales, y en este contexto, hay dos iniciativas que interesa remarcar: la intención de estimular la “titulizacion” de préstamos concedidos por los bancos, de forma que éstos puedan liberarse del balance bancario a efectos de consumo de capital tras ser vendidos a inversores. Y de otra parte, una directiva de estímulo al crowdfunding, al objeto de potenciar los préstamos directos de inversores a promotores de proyectos.

Como suele ser habitual, el Reino Unido está a la cabeza de la innovación en Europa en el campo fintech. ¿Qué posición quiere tener España?

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