Fintech Innovation

El Crowdfunding salta a la escena

De forma coincidente, varias noticias están apareciendo últimamente sobre la actividad de crowdfunding y más concretamente sobre el “marketplace lending” o “crowdlending”, especialmente tras la destitución del famoso y ya exCEO de Lending Club Renaud Laplanche, la mayor empresa de crowdlending del mundo y una de las primeras que ha cotizado en la bolsa, por violar la normativa interna en materia de inversiones y conflictos de intereses entre Laplanche y las inversiones de Lending Club. Al tiempo, aún reverberan las palabras de Adair Turner, ex jefe de la antigua FSA británica, avisando que la inversión a través de las plataformas de crowdlending costaría dinero a los inversores. La razón es que “no tienen experiencia de haber pasado por un ciclo de crédito completo”, y por tanto no hay precedente de su capacidad de selección de crédito y gestión de las inevitables recuperaciones cuando se incremente la morosidad. No en vano, la mayoría de las plataformas han crecido o se han desarrollado en EEUU y UK, justo después de la crisis de crédito de 2008 que ambos países han capeado aparentemente con nota.

Aunque también habría que admitir que el historial de crédito de los propios bancos ha sido bastante deficiente durante la crisis, tanto en morosidad empresarial como en préstamos al consumo, de forma que no hay por qué pensar que la selección de créditos en las plataformas ha de ser peor que en los propios bancos. Para las plataformas de crowdlending, una carrera por hacer volumen es suicida, ya que la calidad y la reputación en la selección del crédito es el alma de las plataformas. Los bancos tienen otras líneas de defensa de su negocio y reputación. Y además, buena parte de los equipos de crédito de las plataformas provienen de los bancos, usando técnicas de precios y crédito con similares datos financieros y en ocasiones con mayor capacidad para usar otras variables relevante al ser estructuras más innovadoras. Pero es cierto que son modelos que están aún en una fase temprana antes de ser una fuente real de diversificación de la financiación.

De forma notable, buena parte de los inversores en proyectos de prestamos peer to peer son inversores institucionales, desde los propios bancos, fondos de inversión o hedge funds, o incluso fondos públicos nacionales o supranacionales como es el caso del European Investment Bank. Los inversores individuales han sido hasta ahora participantes marginales en estos productos, por cuestiones de educación financiera, relativamente poco claro entorno regulatorio, y por la propia bancarización de los servicios financieros en Europa.

De forma casi casual, acaban de publicarse dos informes importantes sobre la materia. Uno, por parte del propio Tesoro de EEUU titulado “Opportunities and challenges in the online Marketplace Lending” tras doce meses de análisis de la materia. El otro es un documento de la Comisión Europea titulado “Crowdfunding in the EU Capital Markets Union”, en el contexto de las iniciativas de la Comisión para conseguir un mercado de financiación menos fragmentado para las PYMEs en la Unión Europea.

El documento del Tesoro americano enfatiza precisamente sobre el carácter pionero y no testado de la gestión de datos y técnicas de modelización para la fijación de los parámetros del crédito, sobre las posibilidades, de forma autónoma o en conjunción los bancos, de proporcionar financiación a segmentos que de otra forma no la obtendrían. También manifiesta que los modelos de crédito y la gestión operativa sólo han sido probados en períodos de relativa bonanza económica, la necesidad de mayor protección y salvaguardas para los pequeños empresas que obtienen financiación. Se requiere una mayor transparencia para que las empresas puedan conocer los parámetros de fijación de sus precios y para que los inversores tengan mejor información de los datos de los préstamos. De forma fundamental, el mercado secundario de los préstamos está subdesarrollado forzando a los inversores en la mayoría de las ocasiones a esperar a la finalización de los préstamos. Tampoco ayuda la falta de claridad de los reguladores, y hay que resaltar que en EEUU no existe una regulación específica sobre estas actividades y que las leyes federales de cada estado fragmentan el campo de juego dificultando las estrategias de expansión.

El documento realiza varias recomendaciones alineadas con las resolución de los defectos mencionados y reitera la necesidad de monitorizar evoluciones futuras en escenarios menos benignos de tipos de interés, condiciones de crédito, amenazas de ciberseguridad o ante intentos de blanqueamiento de dinero.

El documento de la Comisión Europea se centra en un análisis de las actividades de crowdfunding de inversión y marketplace lending en los distintos Estados Miembros. Es de resaltar el carácter nacional de la actividad de la mayoría de las plataformas, ya que en muchos casos o no están amparadas por la normativa MIFID que permitiría el pasaporte europeo (prestación de servicios desde un estado miembro sin necesidad de estar regulado en otro estado miembro), o los estados nacionales han desarrollado normativas locales ante la inexistencia de una normativa a nivel de la UE sobre la materia. Dichas normativas locales coinciden bastante en los parámetros fundamentales (sistemas de autorización, normativa de capital, normas de KYC, límites de inversión o de financiación a través de las plataformas, obligaciones de información, gestión de conflictos de intereses, etc,…) pero son distintas en la calibración y detalle de los requerimientos. En la práctica, ello limita la creación de plataformas de escala europea que permitan la creación de un auténtico mercado transaccional de financiación o de inversión como categoría de activos, por lo que la mayoría de las plataformas tienen como objetivo crecer en sus propios mercados nacionales. En el caso de las plataformas de crowdlending, las empresas han de gestionar la autorización para la gestión de los pagos, dentro del marco de a Payment Service Directive o como en el caso de España, a través de la obtención de la condición de entidad híbrida de pago, lo que implica la involucración de dos reguladores en la obtención de la licencia.

De forma crucial, la Comisión se limita a manifestar que al no existir una regulación a nivel UE, monitorizará el desarrollo de los distintos mercados nacionales, que dado el carácter naturalmente protector de los reguladores locales, es probable que no potencien la creación de plataformas con actividad paneuropea, que debería ser el auténtico objetivo si se trata de materializar con éxito la estrategia del Mercado Unico de Capitales. Se echa de menos una auténtica estrategia de promoción y armonización de las actividades de crowdfunding en Europa con vistas a una auténtica expansión de las posibilidades de financiación complementaria al canal bancario. De la misma forma que la mayoría de las bancas minoristas son realizadas por campeones nacionales en cada país, algo similar podría suceder con las actividades de crowdfunding si no se remedia. Pero también el propio sector debería dar pasos para promover la transparencia, homogeneidad y la información de las actividades de las plataformas, requisito indispensable para promover la confianza y el crecimiento del mercado.

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